U.D. O J O B O N I T O
(una aproximación a la jábega)


Es un cuento del rebalaje de las playas de EL PALO (Málaga), también es el eje central de una UNIDADOjobonito.jpg DIDÁCTICA, que en 2011 surgió como una actividad del proyecto Lecturas viajeras (ARCE). Revisada y ampliada, actualmente forma parte de las intervenciones didácticas de la Asociación de Amigos de la Barca de Jábega en la escuela.

Está destinada a alumnos de 4º de la ESO o de 2º de la ESA y persigue los siguientes objetivos:

1. Iniciar a los alumnos en el conocimiento socio-laboral del pasado inmediato de la barriada de El Palo.

2. A. Facilitar al alumno la distinción de los distintos registros de la lengua

2. B. Habilitar a los alumnos en el uso de la jerga marenga

3. Capacitar al alumno en la identificación de las figuras retóricas.

4. Introducir al alumno en el análisis del texto narrativo.

5. Aproximar a los alumnos al mundo de la JÁBEGA


* El alumno leerá detenidamente el cuento y posteriormente realizará las actividades que se indican al final del mismo.


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Aquella tarde no anunciaba levante, ni temporal pero las gaviotas estaban revueltas. Pablo Gaitán, el Canijo, quien además atendía por Ojobonito, como ustedes gusten, barruntaba que la faena de la vida se le acababa. Le dolía todo el cuerpo, el cable de un torno le atenazaba vuelta a vuelta, y convocó a la familia en su dormitorio. El Canijo publicaba su condición de marengo a los cuatro vientos, tan orgulloso él, pero la verdad era que por su complexión frágil sólo en contadas ocasiones caló la jábega y en menos tiró del copo. Su arte era otro, manejaba el pincel con la maestría natural que se aprende en la barriga, con la misma destreza con la que sus compañeros de barca hacían bailar los remos al compás. La verdad más verdadera es que El Canijo era un marengo varado a quien nadie preguntaba de qué barca era porque él era de todas las barcas, a todas les había dado la luz.
Todas las jábegas de las Playas de El Palo miraban desde proa con los mismos y distintos ojos que pintaba Ojobonito. Sus pinceles, que cuidaba como oro en paño, pintaban casi de memoria, pero siempre ojos diferentes: enigmáticos, infantiles, tiernos, fríos, familiares, más pez que ojo o más ojo que pez… Los suyos también eran seductores como joyas celestes engastadas en un cuerpo quebradizo. Los mismísimos ojos que habían cautivado a una guiri alemana muy guapetona que solía pintar en los espigones. Todo el barrio dice que aquel fue el amor más apasionado y mejor guardado de su vida, porque El Canijo era mu menúo, pero con aquellos ojos tan suyos tenía un don especial con las mujeres, si no, de qué se iba a camelar a aquella alemana tan señorial como una barca de once remos.
El Canijo nació en el rebalaje y se estaba muriendo a pocos metros, en la casita, todavía sin papeles, que se montó con cuatro perras y mucha fatiga. Siempre vivió en la playa sempiterna, menos en aquella larguísima temporada, cuando desapareció sin decir ni pescao frito, ni siquiera a Carmelo, su ojito derecho en la familia. Por aquel entonces en el barrio se escuchó de todo, que si Ojobonito había pegao el braguetazo de su vida, que si la alemana, a quien nadie nombraba, era una artista muy cotizá en el extranjero pero que aquí iba de normal, que ya se arrepentiría del feo que hacía a su familia, que si lo había tirao to por la borda

Un día regresó como si estuviera ausente, pero nostálgico de sal y de atardeceres rojos. Se trajo consigo una caja fuerte de marca alemana. A su impasible esposa y a sus hijos les dijo con mucha humildad que él ahora era y no era el mismo, que volvía porque todavía les quería más, que ya les contaría lo que nunca les contó, y guiñó un ojo a Carmelo.


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