Capítulo II

pareja-playa.jpgIsmail y Carmen

La expectación de la historia de los amores entre Ismail y Carmen me había obligado a cambiar mis planes para el ultimo día en Senegal. No visitaría La Laguna Rosa y otros lugares encantadores próximos a la capital, pero a cambio conocería el desenlace del cuento.

De nuevo me encontraba en aquel insólito cyber donde el centro de atención no eran los cuatro ordenadores de que disponía, sino la presencia hipnotizadora de Cheik que continuaba su relato en el momento que lo dejó ayer.


A la mañana siguiente salí de mi escondrijo, vi la playa desierta, cubierta por restos de fuego, alcohol y amores ocasionales.Carmen_playa.jpg Todo era una luz
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...desnudo e indefenso se replegaba como un ovillo...
de mañana hospitalaria y, como por arte de magia, a unos pocos pasos me encontré, tendida en la arena, a la misma mujer de fuego de mis sueños.

Más adelante supe que aquella mujer, después de caer agotada en la arena por el ritmo de la noche de las hogueras, también había soñado con un Apolo africano. Ella me había soñado sin conocer mi nombre. Soñó que un africano desnudo e indefenso se replegaba como un ovillo, acosado por cientos de miradas recelosas de la gente de la playa.
La mujer de fuego se despertó suavemente, y sin ningún sobresalto, como si me esperara, me sonrió y me invitó a sentarme a su lado. Olvidé todas mis desconfianzas porque su cuerpo en silencio emanaba sosiego.

Cheik había abandonado el dyembé y utilizaba ahora el palo de agua para marcar con sus cadencias la emotividad de esta parte del cuento. Dulcificaba su rostro, sus gestos y sobre todo la voz para transmitir las palabras de la protagonista.

Sentados en la arena, el hombro de aquel joven negro escultural apoyado en el mío, formábamos con el sol naciente un triángulo de seres que se conocían desde siempre, mucho antes de las fronteras y de los visados.pareja-playa.jpg
Sacó una carta de una bolsa de plástico que llevaba en la mochila, se la aproximó a la altura del corazón y me la entregó. Aproximándose el dedo índice a un ojo me dijo que la leyera. Estaba escrita en francés, de algo me servirían las clases del instituto.
Mi nombre es Ismail N´Dour, que Alá misericordioso te proteja con los mismos favores que para mí imploro. Soy el hermano mayor de una familia Wolofde quince miembros, vivimos de la pesca en un pueblecito que se llama Kayar, a unos treinta kilómetros de Dakar, la capital de mi país, Senegal.
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Playas de Kayar. Senegal

Mi familia me eligió como el más capacitado para venir a Europa a trabajar y poder enviarles dinero, también el morabito aprobó mi elección y pidió a Alá y a todos los buenos espíritus que me protegieran. Otros jóvenes fuertes de mi barrio fueron elegidos, entre ellos mi amigo Louis.
En la familia solo ganábamos dinero mi padre y yo. Ël trabajaba en la pesca y yo, de guía turístico en Isla de Gorée. Teníamos unos sueldos bajos y por eso nos costó mucho tiempo poder ahorrar el dinero necesario para la travesía.
Deseo trabajar en Andalucía como camarero para enviar dinero a mi familia, que así podrá construirse una casa de cemento con todas las cosas que salen por la televisión.
No tengo los papeles en regla, pero mi familia y todos mis antepasados son gente de palabra, honestos y trabajadores, que Alá ayude a quien me ayude.
Aquella historia tan entrañable y triste no me asombró,
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Vivienda familiar
lo sabía por los telediarios a la hora de la comida. Sí que me sorprendió ser yo la elegida para acoger a aquel Apolo senegalés, que estaba como un tren, con el que había soñado la noche de San Juan.

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Cayuco varado. Dakar.
Empleé bastante tiempo en leerla. Mientras, y sin parar de reírse a carcajadas, Ismail me repetía en francés: ¡Tú eres la mujer de fuego de mi sueño ¡

Realmente pensé que aquel negro estaba como una cabra, y girando el dedo índice en mi sien, se lo dije clarito: ¡Tú estás loco! Y además: ¡Yo también he soñado esta noche contigo!
Él no paraba de reír moviéndose a mi alrededor, como si danzara para cortejarme. Me presenté entonces en el mejor francés que pude chapurrear .
-Me llamo Carmen… estamos en Las playas de El Palo , de Málaga… mi familia es muy normalita, de clase media, vamos… estudio bachillerato en el instituto…
Jua
Júas en la noche de San Juan

Después de cada frase mía entrecortada, Ismail asentía con la cabeza y la sonrisa se le salía de la cara.
-Anoche…la noche de San Juan, me cogí un pedo de campeonato… he estado alucinando hasta que me he despertado… entonces lo he flipao… cuando te he visto… he tenido el mejor despertar de mi vida…
De pronto me sonó el móvil. Sin mirarlo supe que era mi madre. Se me había ido el santo al cielo, ya serían las tantas… del día siguiente… en casa me matan. Rápidamente recogí mi bolsa de playa, la que llevaba anoche, me recompuse la ropa, me peiné… Ismail me miraba atónito, encogiéndose de hombros.
Nos vemos esta tarde… aquí mismo… a las ocho, más o menos!, grité al salir corriendo hacia mi casa.
Ismail también me gritaba algo que a lo lejos no entendía: ¡Carmen, te dejas tu bolsa de playa, tóoomalaaa…!

El griot formó una bocina con sus manos y repitió varias veces, hasta hacerse inaudible la última palabra que Ismail le dirigía a Carmen. Comprendí entonces que la historia quedaría otra vez interrumpida hasta mañana. En esta ocasión lo lamenté mucho más porque al día siguiente acababa mi estancia en Senegal.


Toca
Palo_de_agua.jpg
el palo de agua
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